Renault Dauphine (38 CV, 845 cc): datos y sensaciones al volante

Con 38 CV, el Renault Dauphine propone una conducción serena: acelera sin prisas, pero con una suavidad que invita a disfrutar del ritmo. Su 4 cilindros de 845 cc entrega un empuje progresivo, ideal para moverse con ligereza en ciudad y mantener cruceros tranquilos en carretera. El tamaño del motor se traduce en tacto simple y fácil, con manejo amable y clásico.

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Sobre la marca de coches Renault

Renault combina diseño funcional, innovación y eficiencia para una movilidad pensada para el día a día. Al volante, se percibe una dirección precisa y un confort de marcha orientado a viajar con calma, con motores que priorizan el equilibrio entre respuesta y consumo. Su gama abarca desde urbanos ágiles hasta SUV y opciones electrificadas, con un enfoque claro en seguridad, conectividad y facilidad de uso.

Versiones de Renault Dauphine

0.8L 4 cil 33 cv Manual (1956 - 1960 )

Renault Dauphine - 0.8L 4 cil 33 cv Manual - Imagen no disponible
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
Manual
Tracción
Trasera
Posición motor
Trasero
Puertas
4
Plazas
5
Cilindrada
845 cc
Cilindros
4
Tipo motor
in-line
Válvulas/cilindro
2
Potencia (CV)
33 CV
Potencia (kW)
24 kW
Potencia (PS)
33 PS
Par
46 Nm
Peso
632 kg
Longitud
3.940 mm
Anchura
1.530 mm
Altura
1.450 mm
Batalla
2.280 mm
Depósito
38 L
Velocidad máx.
111 km/h
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

0.8L 4 cil 38 cv (1964 )

Renault Dauphine - 0.8L 4 cil 38 cv - Imagen no disponible
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
-
Tracción
-
Posición motor
Delantero
Puertas
3
Plazas
-
Cilindrada
845 cc
Cilindros
4
Tipo motor
in-line
Válvulas/cilindro
-
Potencia (CV)
38 CV
Potencia (kW)
29 kW
Potencia (PS)
39 PS
Par
57 Nm
Peso
632 kg
Longitud
3.950 mm
Anchura
1.530 mm
Altura
1.450 mm
Batalla
2.280 mm
Depósito
38 L
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Renault Dauphine

¿Qué es el Renault Dauphine y por qué marcó una época?

El Renault Dauphine fue la berlina popular francesa que, a finales de los 50, llevó el coche “moderno” a miles de familias. Con motor trasero y tracción trasera, priorizaba suavidad y facilidad de uso. Sus 845 cm³ y potencias habituales de 27 a 32 CV no buscaban correr: ofrecían una conducción ligera, con dirección amable y un tacto urbano muy natural.

¿Cómo se siente al conducirlo en ciudad?

En ciudad el Dauphine se mueve con una ligereza casi juguetona: es estrecho, gira bien y su motor trasero empuja con suavidad desde bajo régimen. Con unos 600-700 kg según versión, responde con agilidad y requiere poco esfuerzo al volante. Su ritmo es tranquilo, pero constante; el sonido del cuatro cilindros detrás acompaña sin molestar. Aparcar resulta sencillo por tamaño y visibilidad.

¿Qué tal va en carretera y a ritmos actuales?

En carretera pide anticipación: con 27-32 CV y una aerodinámica de época, su zona cómoda es el crucero moderado. A 80-90 km/h se percibe estable si la suspensión está al día, con una sensación de “barco pequeño” que flota sobre el asfalto. A ritmos altos el tren trasero manda y conviene ser fino con el volante. Es un coche para viajar sin prisa y con mimo.

¿Cómo es su motor 845 cm³ en sensaciones reales?

El 845 cm³ del Dauphine entrega lo mejor en progresividad: no es un motor de estirada, sino de empuje suave y continuo. La respuesta es dulce al acelerador, con vibraciones contenidas para su época y un sonido metálico discreto detrás. En cuestas se conduce “a oído”, jugando con el cambio para mantener alegría. Bien afinado, transmite una mecánica sencilla y honesta, muy agradecida.

¿Qué consumo suele tener y qué implica en el día a día?

Su consumo típico se mueve alrededor de 6,0-8,0 l/100 km, según carburación, estado y uso. Eso se traduce en una conducción que premia la suavidad: aceleraciones progresivas, mantener velocidad y evitar frenadas fuertes. Con depósito en torno a 30-35 litros según versión, la autonomía es suficiente para paseos largos. En la práctica, es un clásico que invita a rodar relajado y a “leer” la carretera.

¿Cómo son la suspensión y el confort de marcha?

La suspensión del Dauphine está pensada para absorber baches y adoquines, con un tarado blando que prioriza comodidad. En ciudad se siente mullido, con un balanceo característico que forma parte de su encanto. En curvas enlazadas hay más movimiento de carrocería y requiere trazadas redondas. Cuando está bien mantenido, transmite una pisada suave y una sensación de coche ligero que no se pelea contigo, solo pide respeto.

¿Qué comportamiento tiene con motor trasero: ventajas y límites?

El motor detrás da buena motricidad al arrancar y en firmes deslizantes, aportando una sensación de empuje “desde la espalda”. También aligera el eje delantero, haciendo la dirección más liviana. El límite aparece si entras pasado en curva: el reparto de pesos puede provocar reacciones más vivas del tren trasero. Con neumáticos correctos y amortiguación en buen estado, es noble si conduces con finura.

¿Qué frenos y dirección ofrece, y cómo se perciben hoy?

Según año y versión, monta frenos de tambor en ambos ejes, suficientes para su peso pero con tacto más largo que en un coche moderno. La conducción exige distancia de seguridad y frenadas anticipadas, algo que cambia el ritmo y te mete en el “tempo” del clásico. La dirección es ligera, comunicativa a baja velocidad y menos precisa a alta. Es un coche para conducir con atención y suavidad.

¿Qué versión conviene buscar: Dauphine, Ondine o Gordini?

El Dauphine estándar es la esencia: simple, equilibrado y fácil de mantener. El Ondine suele aportar mejor acabado y detalles de confort, ideal si quieres paseos con más mimo. El Dauphine Gordini ofrece un carácter más vivo, con puesta a punto y potencia superiores (según mercado, alrededor de 32 CV o más), y se nota en aceleración y alegría. Para sensaciones, el Gordini es más expresivo; para tranquilidad, el Dauphine.

¿Cómo es por dentro: espacio, postura y vida a bordo?

Dentro sorprende por su aprovechamiento: cuatro plazas reales “de época”, con asientos sencillos y postura más vertical. La visibilidad es muy buena y el salpicadero es minimalista, lo que hace que conduzcas con calma y foco. El maletero delantero es útil para bolsas y herramientas, mientras atrás manda la mecánica. La sensación general es de coche ligero y luminoso, perfecto para paseos y concentraciones.

¿Qué puntos débiles hay que revisar antes de comprar uno?

Lo crítico suele estar en la corrosión de bajos, pasos de rueda, umbrales y soportes, además de holguras en suspensión y dirección. Revisa estado de frenos (tambores, bombines), sistema eléctrico y temperatura: radiador y manguitos deben estar sanos. En motor, mira fugas y carburación; un ralentí irregular suele indicar ajuste pendiente. Un Dauphine bien restaurado se siente redondo; uno cansado transmite flotación y frenada insegura.

¿Es fácil encontrar recambios y mantenerlo hoy?

Para un clásico popular, el Dauphine tiene una comunidad activa y disponibilidad razonable de piezas, sobre todo consumibles (frenos, juntas, encendido, carburación) y elementos de carrocería según mercado. Mantenerlo no es complejo: mecánica accesible y lógica, ideal para un taller clásico o aficionado. La clave es dejarlo “fino”: cuando encendido, carburación y frenos están bien, la experiencia cambia y se vuelve suave, fiable y disfrutable.

¿Qué valor clásico aporta y qué uso encaja mejor?

El Dauphine aporta historia y una manera de conducir más humana: ritmo moderado, sonidos mecánicos cercanos y mucha interacción con el coche. Su valor está en la autenticidad de una berlina europea de posguerra, con diseño amable y conducción ligera. Encaja perfecto en paseos de fin de semana, rutas secundarias y eventos. No es un coche para autopista diaria, pero sí para disfrutar de la carretera como parte del plan.

¿Cómo debe sentirse una unidad en buen estado durante una prueba?

En marcha debe arrancar fácil, mantener ralentí estable y subir de vueltas sin vacíos. La dirección ha de ir ligera, sin golpes ni holguras; la suspensión debe filtrar sin rebotes y el coche debe ir recto al frenar. El cambio, aunque no moderno, debe entrar con coherencia y sin rascados continuos. Si todo está bien, notarás un coche ágil, cómodo a ritmo tranquilo y con un empuje trasero suave y constante.

Rivales de Renault Dauphine

El Renault Dauphine fue uno de esos turismos europeos que, sin recurrir a grandes excesos de potencia, supo conquistar ciudades y carreteras secundarias con una receta tan clara como efectiva: dimensiones contenidas, mecánica sencilla y un planteamiento eminentemente práctico para su tiempo.

Con su motor trasero y tracción posterior, el Dauphine representaba una manera muy francesa de entender la movilidad popular de posguerra, donde el confort razonable y la facilidad de uso pesaban tanto como el rendimiento puro.

Su rivalidad natural se dibuja con otros modelos compactos de finales de los 50 y 60 que perseguían el mismo objetivo: ser el coche “para todo” de una familia.

En esa liga, el SEAT 600 (y su equivalente directo, el Fiat 600) encarna la alternativa mediterránea más elemental: aún más pequeño, más ligero y generalmente menos potente, pero con un impacto social enorme y una simplicidad mecánica que favorecía el mantenimiento.

Frente a él, el Renault Dauphine solía ofrecer un salto en sensación de coche “completo”: más presencia, mayor sensación de estabilidad en cruceros moderados y una habitabilidad que, sin ser grande, resultaba más aprovechable para el día a día.

En el otro extremo de la misma categoría aparece el Volkswagen Escarabajo (Beetle), con una filosofía similar (motor trasero y tracción posterior) pero con la reputación alemana de robustez y una evolución técnica muy prolongada.

El Dauphine se mide con el Beetle en el terreno de la confianza mecánica y la consistencia en el uso continuado: el Volkswagen tendía a ser más “coche herramienta” por durabilidad percibida, mientras que el Renault apostaba por un tacto más suave y una orientación más urbana, con la ventaja de una arquitectura compacta muy bien pensada para calles estrechas.

Si la comparación se vuelve más “deportiva” dentro de lo razonable para la época, el Renault 8 (especialmente en versiones posteriores) representa el siguiente escalón dentro de la propia marca: también con motor trasero en sus primeras concepciones, pero con un enfoque más moderno y, en general, con opciones de potencia superiores.

En ese sentido, el Dauphine se entiende como el equilibrio anterior: menos ambición, más ligereza conceptual, y una conducción que hoy se siente analógica y directa, con reacciones típicas de los traseras ligeros de mediados de siglo.

En resumen, el Renault Dauphine rivaliza con iconos de la motorización europea por una razón sencilla: todos fueron respuestas distintas a la misma pregunta.

¿Cómo hacer accesible el coche sin renunciar a una experiencia de conducción digna? El Dauphine lo resolvió con elegancia funcional, y por eso sigue siendo un nombre relevante cuando se comparan los clásicos populares con personalidad propia.

Modelo Cilindrada (cc) Potencia (CV) Arquitectura / Motor Tracción Cambio
Renault Dauphine 845 aprox.

30-32
4L, trasero Trasera Manual 3-4 vel.
SEAT 600 633-767 aprox.

21-32
4L, trasero Trasera Manual 4 vel.
Fiat 600 633-767 aprox.

21-32
4L, trasero Trasera Manual 4 vel.
Volkswagen Escarabajo (Beetle) 1200 1192 aprox.

30-34
Bóxer 4, trasero Trasera Manual 4 vel.
Renault 8 (base) 956-1108 aprox.

44-50
4L, trasero Trasera Manual 4 vel.

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Galería

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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026