Plymouth Gran Fury con motor V8 5.2 (5200 cc)

Con su V8 de 5.200 cc y 8 cilindros, el Plymouth Gran Fury entrega una respuesta llena desde bajas vueltas: pisas y el coche avanza con soltura, sin necesidad de estirar. Esa cilindrada se traduce en un rodar sereno, ideal para autopista, con empuje constante y una sensación de coche grande que filtra el asfalto y mantiene el ritmo con autoridad.

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Plymouth - Logo

Sobre la marca de coches Plymouth

Plymouth fue sinónimo de movilidad accesible con carácter, desde sus sedanes familiares hasta muscle cars que pedían gas con decisión. Al ponerse al volante, destacaba una conducción de tacto clásico: dirección con peso, suspensión pensada para largas rectas y un sonido mecánico que acompañaba el ritmo. Repasamos su historia, modelos emblemáticos y el legado que dejó en la cultura automovilística estadounidense.

Versiones de Plymouth Gran Fury

5.2L 8 cil (1981 - 1989 )

Plymouth Gran Fury - 5.2L 8 cil - Imagen no disponible
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
-
Tracción
Trasera
Posición motor
-
Puertas
-
Plazas
-
Cilindrada
5.200 cc
Cilindros
8
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
-
Potencia (CV)
-
Potencia (kW)
-
Potencia (PS)
-
Par
-
Peso
1650 kg
Longitud
5.260 mm
Anchura
1.900 mm
Altura
-
Batalla
2.880 mm
Depósito
-
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Plymouth Gran Fury

¿Qué es el Plymouth Gran Fury y qué lugar ocupa en la historia de la marca?

El Plymouth Gran Fury fue la gran berlina/coupé de representación de Plymouth, pensada para viajar a ritmo alto con suavidad y presencia. Nació como evolución del Fury y, según años, combinó plataformas “full-size” y más tarde “intermediate”. Al volante se percibe como un coche de autopista: dirección lenta, pisada amplia y una manera de devorar kilómetros con calma y contundencia.

¿Cómo es su diseño exterior y qué transmite en marcha?

Sus proporciones son largas y horizontales, con capó generoso y voladizos amplios que anticipan un enfoque rutero. En versiones setenteras, la carrocería se siente ancha y “plantada”, como si flotara sobre el asfalto. La vista desde el puesto de conducción, con el morro por delante, aporta sensación de control y autoridad, invitando a una conducción fluida más que a cambios de ritmo bruscos.

¿Qué motores montaba y qué sensaciones ofrecen?

Dependiendo del año y del mercado, el Gran Fury se asoció a motores V8 de la familia Chrysler (small-block y big-block en épocas clásicas) y, en etapas posteriores, opciones más orientadas al consumo. La entrega típica es de par temprano: empuja desde bajas vueltas con una respuesta redonda, ideal para incorporaciones sin esfuerzo. No pide estirar; su lenguaje es la elasticidad y el empuje sostenido.

¿Cómo es la conducción: dirección, suspensión y comportamiento?

El Gran Fury prioriza confort y estabilidad lineal. La suspensión filtra con recorrido, suavizando juntas y baches, y la carrocería acompaña con balanceo progresivo. La dirección, generalmente asistida y de desmultiplicación amplia, favorece maniobras sin esfuerzo, aunque pide anticipación en carreteras reviradas. En autopista destaca por aplomo y sensación de “crucero”, manteniendo el ritmo con tranquilidad mecánica.

¿Qué cambios automáticos y manuales se podían encontrar?

Lo habitual era la transmisión automática TorqueFlite de Chrysler en distintas variantes según época y motorización. En conducción real se traduce en cambios suaves, con convertidor que amortigua y hace el coche muy fácil de llevar. La lógica es avanzar con mínima intervención, aprovechando el par del V8. Si hay opción manual en ciertos años/mercados, su enfoque sigue siendo rutero, no deportivo.

¿Cómo es el interior y qué tal la ergonomía para viajar?

El habitáculo suele ser amplio, con asientos generosos y una posición de conducción tipo “salón”, pensada para horas al volante. Los mandos acostumbran a ser grandes y legibles, con instrumentación clara. En carretera se percibe como un espacio tranquilo: mucho aislamiento, movimientos suaves y una sensación de estar “dentro” del coche más que “encima”. Ideal para viajar sin fatiga, a ritmo constante.

¿Qué consumo y autonomía se pueden esperar en uso real?

Por su tamaño, aerodinámica clásica y cilindradas elevadas en muchas versiones, el consumo tiende a ser notable, especialmente en ciudad. En autopista, a velocidad estabilizada, puede moderarse gracias al par y al cambio automático, pero sigue siendo un coche de otra época. La experiencia es de progreso sin esfuerzo más que de eficiencia: se disfruta por suavidad y presencia, asumiendo paradas más frecuentes.

¿Qué mantenimiento requiere y qué puntos conviene revisar antes de comprar?

Antes de comprar, revisa óxidos en bajos, pasos de rueda y puntos estructurales, además de holguras de dirección y estado de silentblocks. Comprueba temperatura en marcha, fugas de aceite/ATF y que el cambio automático haga transiciones sin tirones. Un V8 bien afinado debe arrancar fácil y mantener ralentí estable. La experiencia deseada es de rodar “redondo”, sin vibraciones ni sobrecalentamientos.

¿Qué fiabilidad tiene y cuáles son averías típicas?

En general, la mecánica Chrysler clásica puede ser robusta si se mantiene con fluidos y ajustes al día. Los puntos delicados suelen venir por envejecimiento: carburación desajustada, manguitos, radiador, sistema de encendido y pérdidas en juntas. En conducción, los síntomas aparecen como tirones, olor a gasolina o tendencia a calentarse en tráfico. Bien puesto a punto, transmite solidez y una entrega de par constante.

¿Qué versiones y carrocerías existen y cuál encaja mejor con cada uso?

Según años, hubo sedán, hardtop y configuraciones orientadas a flotas o uso institucional. Para uso frecuente y viajes, un sedán bien conservado suele dar mejor equilibrio por confort y practicidad. Si buscas estética clásica y presencia, los hardtop ofrecen línea más limpia. La diferencia al volante está en el “ambiente”: todos son ruteros, pero algunos se sienten más señoriales y otros más ligeros de sensaciones.

¿Es un buen clásico para iniciarse y qué presupuesto adicional considerar?

Puede ser un buen clásico si te atrae el estilo americano y aceptas su tamaño, consumo y logística. Considera un margen para frenos, neumáticos, refrigeración y puesta a punto de encendido/carburación: son claves para que conduzca fino. La recompensa es una experiencia de crucero auténtica: silencio relativo, suspensión amable y ese empuje a medio gas que invita a viajar sin prisa, con mucha presencia.

¿Qué alternativas similares conviene comparar antes de decidirse?

En su universo natural compite con grandes sedanes/coupés americanos de época: Ford LTD, Chevrolet Impala/Caprice o Dodge Monaco (primo cercano). Compararlos cambia matices: tacto de dirección, aislamiento y carácter del V8. El Gran Fury suele atraer por equilibrio rutero y estética sobria. La elección final se siente en autopista: el que te dé mejor aplomo, freno más consistente y menos fatiga será el adecuado.

Rivales de Plymouth Gran Fury

El Plymouth Gran Fury representa una etapa muy característica del automóvil norteamericano: la del gran sedán de tracción trasera pensado para devorar millas con aplomo, priorizando la suavidad mecánica y la presencia en carretera por encima de la agilidad.

A lo largo de su vida comercial, el nombre Gran Fury se asoció tanto a vehículos de tamaño completo como a formatos más contenidos según la época y la estrategia del grupo Chrysler, pero su esencia se mantuvo: confort, robustez y motores V8 de gran cilindrada como seña de identidad.

En su ecosistema natural, el Plymouth Gran Fury convivía con rivales directos que compartían receta: plataforma de largueros o monocasco de gran tamaño (según año), propulsión posterior, cajas automáticas orientadas a la suavidad y una oferta de V8 “big” o “small block” con mucho par.

En ese tablero, el Ford LTD era el contrapeso más racional y extendido, con una puesta a punto típicamente americana, mucha disponibilidad y una gama mecánica amplísima.

El Chevrolet Impala, por su parte, jugaba la carta del equilibrio: gran confort, buen aislamiento y una tradición de V8 muy popular, con un tacto de conducción que a menudo se percibía algo más homogéneo en uso diario.

Frente a ellos, el Plymouth Gran Fury solía destacar por el carácter Chrysler: una sensación de solidez, motores con empuje bajo y medio régimen y un enfoque muy claro hacia el viaje largo, el uso familiar o, en determinadas configuraciones y años, incluso flotas (incluido ámbito policial en la órbita del grupo).

Donde esta rivalidad se entiende mejor es en la filosofía: estos modelos no buscaban “ganar” en curvas, sino ofrecer una conducción descansada, una respuesta contundente al pisar el acelerador y una presencia que llenaba el carril.

En autopista, el Plymouth Gran Fury se sentía en su elemento, con desarrollos largos y una entrega de par que invitaba a rodar con suavidad.

En el día a día, sus rivales —Ford LTD y Chevrolet Impala— ofrecían propuestas muy cercanas, y la elección solía depender del gusto por el tacto de cada marca, la disponibilidad de determinadas mecánicas y el equipamiento concreto de cada año.

Nota editorial: las cifras exactas del Plymouth Gran Fury y sus rivales varían mucho por generación, año y mercado (y porque en EE.

UU.

hubo cambios de medición de potencia: SAE gross vs SAE net).

A continuación se muestra una comparativa técnica orientativa con motorizaciones V8 representativas de mediados/finales de los 70 (configuraciones habituales en el segmento “full-size”).

Si necesitas un año exacto (por ejemplo 1972, 1978 o 1985), ajusto la tabla al detalle.

Modelo Arquitectura Cilindrada (cc) Potencia (CV aprox.) Potencia (hp aprox.)
Plymouth Gran Fury V8 5899 ~190 ~187
Ford LTD V8 5766 ~165 ~163
Chevrolet Impala V8 5735 ~170 ~168

Opiniones de usuarios

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Galería

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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026