Packard 12: V12 de 174 CV y 7.756 cc
Con sus 174 CV, el Packard 12 no busca la carrera, sino la autoridad tranquila: acelera con un empuje amplio que se siente más como una ola que como un golpe. El V12 de 7.756 cc entrega potencia con suavidad y un tacto mecánico refinado, mientras sus 12 cilindros aportan silencio, regularidad y una marcha larga pensada para devorar kilómetros con elegancia.
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Sobre la marca de coches Packard
Hablar de Packard es volver a una época en la que el lujo se medía por el silencio de marcha y la solidez del conjunto. Al volante, la conducción se siente pausada, con una entrega progresiva y una sensación de autoridad que acompaña cada maniobra. Esta marca estadounidense destacó por su ingeniería cuidada y su enfoque premium, dejando un legado que hoy define el coleccionismo y la cultura del automóvil clásico.Versiones de Packard 12
7.3L 12 cil (1941 - 1943 )
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
-
Tracción
Trasera
Posición motor
Delantero
Puertas
-
Plazas
-
Cilindrada
7.299 cc
Cilindros
12
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
2
Potencia (CV)
-
Potencia (kW)
-
Potencia (PS)
-
Par
-
Peso
2450 kg
Longitud
5.800 mm
Anchura
1.910 mm
Altura
1.830 mm
Batalla
3.440 mm
Depósito
-
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-
7.8 (1941 - 1943 )
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
Manual
Tracción
Trasera
Posición motor
Delantero
Puertas
-
Plazas
-
Cilindrada
7.756 cc
Cilindros
12
Tipo motor
V
Válvulas/cilindro
2
Potencia (CV)
174 CV
Potencia (kW)
129 kW
Potencia (PS)
176 PS
Par
-
Peso
2420 kg
Longitud
5.800 mm
Anchura
1.910 mm
Altura
1.830 mm
Batalla
3.440 mm
Depósito
-
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-
Información sobre Packard 12
¿Qué es el Packard Twelve y por qué sigue siendo una referencia del lujo clásico?
El Packard Twelve (1932-1939) fue la cumbre de la marca en refinamiento: un V12 de 7,3 a 8,2 litros según año, pensado para entregar suavidad antes que números. Al volante, todo sucede sin aspereza: la entrega de par es continua, y el coche avanza con un silencio mecánico que “aplasta” el paisaje. Es más salón rodante que deportivo, con empaque aristocrático.¿Cómo se siente su motor V12 en conducción real?
Su V12 atmosférico ronda los 160-175 CV en muchas versiones, pero lo que manda es el par y la forma de entregarlo. En marcha, acelera con una progresión sedosa, sin tirones, ideal para rodar a ritmo alto con mínima vibración. El sonido es grave y lejano, como si el coche filtrara el esfuerzo. Es el tipo de motor que invita a conducir con guante, no con prisa.¿Qué tal es la experiencia de conducción: dirección, frenos y estabilidad?
La dirección suele ser pesada en maniobras, pero gana aplomo al rodar: te pide anticipación y brazos firmes, como corresponde a su tamaño. Los frenos (habitualmente de tambor) requieren distancia y tacto; no es un coche de frenadas tardías. En carretera, el Packard Twelve transmite estabilidad por masa y batalla, con una pisada tranquila y señorial.¿Cómo es su confort de marcha y qué se percibe en el habitáculo?
El confort es su argumento: suspensión orientada a “planchar” irregularidades y un aislamiento notable para su época. Se percibe un balanceo suave, más cercano a una limusina que a un turismo moderno, pero precisamente ahí está su encanto. Dentro, maderas, tapicerías nobles y un diseño de mandos sobrio convierten cada kilómetro en un ritual de época, pausado y elegante.¿Qué carrocerías y estilos existían, y cómo cambian la sensación al conducir?
Hubo múltiples carrocerías, muchas de ellas de carrocero (Dietrich, LeBaron y otros), desde sedanes formales hasta convertibles y touring. Un sedan largo refuerza la sensación de “cámara de aire” sobre el asfalto, con mayor peso y calma. Un convertible o phaeton se siente más vivo y expuesto: el V12 se escucha más, el viento entra y la conducción se vuelve más sensorial.¿Qué consumo y autonomía puedes esperar en un Packard Twelve?
No es un coche para medir en litros con obsesión, pero conviene ser realista: un V12 de gran cilindrada suele moverse en cifras elevadas, frecuentemente por encima de 20 L/100 km en uso real, según ajuste y carrocería. La autonomía depende del depósito y del ritmo, pero la sensación es clara: el Packard “bebe” para mantener su suavidad constante, especialmente en ciudad.¿Qué fiabilidad tiene y qué puntos conviene revisar antes de comprar uno?
Bien mantenido, el V12 es robusto, pero exige respeto: refrigeración, encendido y carburación deben estar finos para conservar la suavidad. Revisa fugas, temperatura en parado y regularidad al ralentí. Suspensión, frenos de tambor y sistema eléctrico (cableado) son habituales focos de trabajo en clásicos. Un Twelve sano se nota en cómo arranca, cómo sostiene el ralentí y cómo no vibra.¿Cómo es mantenerlo hoy: recambios, especialistas y costes?
Mantener un Packard Twelve implica acudir a especialistas y clubes, donde el conocimiento vale casi tanto como la pieza. Hay recambios reproducidos y mercado de segunda mano, pero ciertas referencias son escasas. El coste real está en mano de obra y ajustes finos: afinación del V12, sistema de refrigeración y frenos. Cuando todo está al día, la recompensa es una conducción redonda, sin asperezas.¿Qué valor histórico y de coleccionismo tiene el Packard Twelve?
El Twelve representa la era dorada estadounidense del lujo previo a la posguerra, y su atractivo crece por la complejidad del V12 y la calidad de ejecución. En coleccionismo, influyen año, procedencia, carrocería y autenticidad. Conducirlo hoy te conecta con un tiempo de carreteras más lentas y presencia imponente: cada parada genera conversación, y cada salida se vive como un acto social.¿Es un coche usable en carretera actual o queda solo para eventos?
Se puede usar, pero con mentalidad clásica: frenos de tambor, luces menos capaces y tamaño considerable. En rutas tranquilas, su estabilidad y par hacen el viaje fácil; en tráfico denso, el calor y las maniobras pesan. Lo ideal son carreteras secundarias y velocidades sostenidas moderadas, donde el V12 trabaja relajado. Ahí el Packard Twelve muestra su talento: avanzar con dignidad y silencio.¿Qué rivales tenía y en qué se diferenciaba en sensaciones?
Competía con Cadillac V12/V16, Lincoln K-Series y Duesenberg en el Olimpo del lujo. El Packard Twelve se recuerda por su refinamiento equilibrado: menos ostentación mecánica y más suavidad utilizable. En sensaciones, destaca por la ausencia de brusquedad y una calidad de rodadura muy “densa”, como si todo estuviera amortiguado con cuidado. Es un lujo que se siente en la calma del movimiento.¿Qué debería saber alguien que quiere conducir uno por primera vez?
Piensa en anticipación: frena antes, gira con margen y deja que el coche “asiente” en cada apoyo. El V12 responde mejor con gas progresivo, sin golpes. Ajusta tu ritmo a su naturaleza: cruceros constantes, aceleraciones largas y conducción fluida. Si el coche está bien puesto a punto, notarás lo esencial: la mecánica no se impone, acompaña; y eso cambia tu manera de conducir.Rivales de Packard 12
Packard 12 representa la cima del lujo y la ingeniería norteamericana de los años 30: un automóvil concebido para deslizarse en silencio, con una entrega de par sedosa y una presencia que imponía respeto sin necesidad de estridencias.Nacido en la era en la que el número de cilindros era una declaración de estatus y refinamiento mecánico, su V12 ofrecía una respuesta progresiva y una facilidad para mantener cruceros elevados con una calma casi eléctrica.
En carrocerías “coachbuilt” (Dietrich, LeBaron y otras), el Packard 12 no solo competía por potencia, sino por la calidad de rodadura, el aislamiento y la sensación de solemnidad al volante. Su rivalidad natural se escribía contra los grandes nombres del segmento “Twelve/Sixteen” estadounidense.
El primero en la lista es el Cadillac V-12, un contrincante directo por concepto: doce cilindros, enfoque elitista y una clientela que buscaba suavidad antes que cifras.
Frente al Cadillac, el Packard 12 solía defender una reputación de construcción meticulosa y un tacto de conducción particularmente fluido, mientras que Cadillac contrarrestaba con su músculo industrial y una gama enorme.
En la práctica, la elección solía depender menos del “qué” y más del “cómo”: el Packard 12 era la opción del comprador que valoraba la finura y el acabado con un aire más sobrio y aristocrático. Si el debate subía un peldaño, aparecía el Cadillac V-16.
Aquí la rivalidad se volvía simbólica: dieciséis cilindros eran una carta de presentación definitiva.
Aun así, el Packard 12 jugaba con una ventaja realista: ofrecía un equilibrio magnífico entre complejidad, mantenimiento y prestaciones utilizables, con un V12 capaz de mover carrocerías largas con una naturalidad casi ceremonial.
El V-16 era la cúspide del exceso refinado; el Packard 12, la cumbre del refinamiento con un sentido más práctico dentro del mundo del gran lujo. En Europa, el antagonista de mayor abolengo era el Rolls-Royce Phantom III, también con V12.
La comparación resulta fascinante porque no se mide solo en centímetros cúbicos: el Packard 12 aportaba una robustez y una facilidad de uso “a la americana”, con un empuje generoso y un carácter muy lleno desde abajo; el Rolls respondía con una ingeniería de altísima escuela, refinamiento y un ceremonial británico en la ejecución.
Dos interpretaciones del mismo ideal: viajar lejos, rápido y con absoluta compostura.
| Modelo | Arquitectura | Cilindrada (cc) | Potencia (CV) |
| Packard 12 | V12 | 7300 | 175 |
| Cadillac V-12 | V12 | 7400 | 135 |
| Cadillac V-16 | V16 | 7400 | 185 |
| Rolls-Royce Phantom III | V12 | 7338 | 165 |
Opiniones de usuarios
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Galería
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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026