Mercedes-Benz 300D: 158 CV, 6 cilindros y 2.996 cc

Con 158 CV, el Mercedes-Benz 300D ofrece una entrega de potencia serena que se traduce en aceleraciones progresivas y una conducción relajada. Sus 6 cilindros aportan un funcionamiento redondo, con menos vibraciones y un sonido discreto que refuerza la sensación de calidad. La cilindrada de 2.996 cc se percibe en la facilidad para mantener velocidad de crucero y afrontar pendientes con aplomo.

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Sobre la marca de coches Mercedes-Benz

Ponerse al volante de un Mercedes-Benz es notar cómo el confort y la tecnología se alinean para hacer cada trayecto más sereno. La marca alemana combina diseño sofisticado, seguridad avanzada y una calidad percibida que se siente en cada mando. Desde la suavidad de marcha en ciudad hasta la estabilidad en autopista, Mercedes-Benz transmite confianza y precisión, con una identidad premium reconocible.

Versiones de Mercedes-Benz 300D

3.0L 6 cil 158 cv (1957 - 1958 )

Mercedes-Benz 300D - 3.0L 6 cil 158 cv - Imagen no disponible
Carrocería
-
Combustible
Gasolina
Transmisión
-
Tracción
-
Posición motor
Delantero
Puertas
5
Plazas
5
Cilindrada
2.996 cc
Cilindros
6
Tipo motor
in-line
Válvulas/cilindro
2
Potencia (CV)
158 CV
Potencia (kW)
118 kW
Potencia (PS)
160 PS
Par
-
Peso
1930 kg
Longitud
5.200 mm
Anchura
1.870 mm
Altura
1.630 mm
Batalla
3.160 mm
Depósito
71 L
Velocidad máx.
-
0-100
-
Consumo ciudad
-
Consumo carretera
-
Consumo mixto
-
CO2
-

Información sobre Mercedes-Benz 300D

¿Qué Mercedes-Benz 300D es y qué sensación transmite al volante?

El Mercedes-Benz 300D suele referirse al W123 (1976-1985) con diésel de 3.0 litros y 5 cilindros: 80-88 CV atmosférico, o 125 CV en el 300D Turbodiesel (según mercado). Con unos 1.400-1.550 kg, prioriza aplomo y serenidad. Al conducirlo se percibe dirección lenta pero comunicativa, suspensión que “filtra” y un ritmo constante, más de viajar que de correr.

¿Cómo es el motor diésel 3.0 y qué se siente en aceleración?

El 3.0 diésel de cinco cilindros (familia OM617) destaca por su elasticidad a bajas vueltas y una entrega progresiva. En el atmosférico, el 0-100 km/h suele moverse en torno a 17-19 s; en el Turbodiesel baja hacia 13-14 s. La sensación es de empuje sostenido, sin prisa, con un sonido grave y mecánico que acompaña sin agobiar.

¿Qué consumo real y autonomía puede esperarse?

En uso real, un 300D W123 atmosférico suele rondar 7,5-9,5 l/100 km; el Turbodiesel puede situarse en 8,5-10,5 l/100 km, dependiendo de caja, estado y velocidad. Con depósitos habituales cercanos a 65-70 litros, la autonomía se siente larga y despreocupada: es un coche que invita a encadenar kilómetros con pocas paradas, especialmente a ritmos estables.

¿Qué tal es la comodidad en viajes y en ciudad?

La comodidad es su firma: asientos amplios, suspensión pensada para absorber baches y una insonorización notable para su época. En autopista transmite “tren delantero” asentado y una carrocería que flota sin rebotes. En ciudad se nota su tamaño y un radio de giro menos ágil que un compacto moderno, pero la visibilidad y el tacto robusto hacen que maniobrar sea natural.

¿Cómo se comporta en carretera: estabilidad, frenos y dirección?

El chasis del W123 prioriza estabilidad lineal: a 100-120 km/h se percibe firme, con balanceo moderado y reacciones nobles. La dirección, de desmultiplicación amplia, pide anticipación, pero ofrece un tacto clásico y predecible. Los frenos, con discos delanteros y asistencia, cumplen si están al día; la sensación es de frenada progresiva, no mordiente inmediata como en coches actuales.

¿Caja manual o automática: cuál encaja mejor con el 300D?

Con manual (habitual de 4 o 5 marchas según versión), el 300D se siente más vivo en recuperaciones y permite exprimir el par a bajo régimen. Con automática (frecuente en EE. UU.), la conducción se vuelve más suave y coherente con su carácter viajero: cambios tranquilos, sin tirones, y un ritmo relajado. La experiencia ideal es la que combine estado perfecto y mantenimiento documentado.

¿Qué fiabilidad ofrece y qué puntos conviene vigilar?

Su reputación viene del OM617: con buen mantenimiento puede superar 300.000-500.000 km. Conviene vigilar fugas de gasoil, estado de inyectores, calentadores y la bomba de inyección. En carrocería, el óxido es clave: pasos de rueda, bajos, taloneras y puntos de gato. En marcha, un 300D sano se siente redondo, arranca con decisión y mantiene temperatura estable.

¿Qué mantenimiento necesita para conservar esa conducción “de tanque fino”?

Cambios de aceite frecuentes (cada 7.500-10.000 km con lubricante adecuado), filtros de aire y gasoil al día, y refrigerante renovado para proteger culata y radiador. La suspensión (silentblocks, amortiguadores) es crucial: cuando está fresca, el coche vuelve a “planear” con control. Revisar frenos, latiguillos y alineación devuelve una pedalada firme y una trayectoria que inspira confianza en viaje.

¿Es un buen clásico para comprar hoy y qué precios se ven?

Es un clásico utilizable: sencillo, robusto y con recambio disponible. Los precios varían por estado y versión: unidades honestas suelen moverse en torno a 6.000-12.000 €, y ejemplares muy cuidados o Turbodiesel pueden subir hacia 12.000-20.000 € o más. Al conducir un buen 300D, se nota en silencio de rodadura, cambios suaves y ausencia de vibraciones raras.

¿Qué versiones y carrocerías existen y cuál es más recomendable?

Dentro del W123 hubo berlina, familiar (T-Modell/S123) y coupé (C123, normalmente con otras motorizaciones). El 300D berlina es el equilibrio clásico; el familiar añade practicidad y un tacto algo más “carguero” atrás. Si buscas respuesta, el Turbodiesel ofrece mejor ritmo en autopista. Si priorizas suavidad y simplicidad, el atmosférico transmite una conducción paciente y muy coherente.

¿Qué equipamiento y vida a bordo ofrece frente a un coche moderno?

Según año y mercado, puede llevar aire acondicionado, elevalunas, techo y tapicerías MB-Tex o tela, con una ergonomía clara y mandos grandes. No hay pantallas, pero sí una sensación de control mecánico: puertas pesadas, palancas con recorrido y materiales pensados para durar. En carretera, esa “arquitectura analógica” se traduce en menos distracciones y más atención al ritmo del coche.

¿Para quién es el Mercedes-Benz 300D y qué uso encaja mejor?

Es para quien valora la conducción calmada, el confort sostenido y la durabilidad por encima de la aceleración. Encaja en rutas largas, paseos de fin de semana y uso diario moderado, especialmente si vive en zonas sin restricciones severas a diésel clásicos. La experiencia es de viajar con cadencia: un motor que empuja sin dramatismos, un chasis noble y un ambiente de “gran turismo” clásico.

Rivales de Mercedes-Benz 300D

La denominación Mercedes-Benz 300D remite, según el mercado y la época, a varias interpretaciones dentro de la tradición diésel de la marca: desde las berlinas “W” de gran kilometraje de los años 70 y 80 (iconos de durabilidad y confort rodador) hasta variantes posteriores en las que “300” se asocia a mecánicas de seis cilindros y un enfoque más burgués que deportivo.

En cualquier caso, el Mercedes-Benz 300D se entiende como una berlina de corte clásico: motor diésel de cilindrada generosa, empuje lleno a medio régimen y una puesta a punto pensada para viajar con aplomo, silencio mecánico relativo para su tiempo y una sensación de coche “hecho para durar”. En su rivalidad natural aparecen tres familias con argumentos muy definidos.

Por un lado, el BMW 524td (E28) simboliza el enfoque alemán alternativo: un diésel más orientado a prestaciones, con mayor viveza de respuesta gracias al turbo y un carácter más dinámico en chasis, buscando acercar el diésel al conductor que no quiere renunciar a un punto de agilidad.

Frente a él, el Mercedes-Benz 300D suele responder con una entrega más progresiva (especialmente en versiones atmosféricas) y una concepción más conservadora: menos énfasis en la urgencia y más en la constancia. Del lado sueco, el Volvo 240 D6 propone otra lectura del gran diésel: robustez, seguridad y un tacto de conducción sobrio.

No persigue tanto el refinamiento de marca premium alemana como la idea de herramienta seria y familiar, con un seis cilindros que aporta suavidad, aunque sin la misma “cultura de autopista” que tradicionalmente se asocia a Mercedes en esa era.

En esa comparación, el Mercedes-Benz 300D destaca por la calidad percibida típica de la marca en sus berlinas y una sensación de rodadura más señorial. Finalmente, desde Audi, el Audi 100 2.5 TDI (C4) representa el salto generacional: inyección directa TDI, par contundente y eficiencia superior, además de una aerodinámica más moderna y una concepción de plataforma más actual.

Aquí la rivalidad es casi filosófica: el Mercedes-Benz 300D apela al encanto de la ingeniería clásica (mecánicas largas de mantenimiento y tacto analógico), mientras el Audi 100 2.5 TDI juega la carta de la tecnología diésel moderna, con más rendimiento por litro y mejores cifras de consumo. A continuación, una comparativa técnica orientativa entre versiones representativas (pueden variar según año, carrocería y mercado) para situar al Mercedes-Benz 300D frente a sus rivales más reconocibles por planteamiento y época.
Modelo Arquitectura Cilindrada (cc) Alimentación Potencia (CV) Par (Nm)
Mercedes-Benz 300D (W123 300D) L5 3005 Diésel atmosférico 80-88 172
BMW 524td (E28) L6 2443 Diésel turbo 115 210
Volvo 240 D6 L6 2383 Diésel atmosférico 82 150
Audi 100 2.5 TDI (C4) L5 2461 Diésel turbo (TDI) 115 265

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Galería

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Autor
Enric Jané Studio
Proyecto
Catálogo de coches
20/02/2026
20/09/2026